Feminismo en toma: por qué las mujeres están paralizando las universidades

Publicado originalmente en Diario Universidad de Chile el 5 de mayo de 2018

A lo largo de todo el territorio nacional, estudiantes mujeres se han organizado para paralizar o tomar diferentes facultades y universidades. Persiguiendo una educación no sexista y el fin de los acosos y abusos sexuales, han levantado consignas que aspiran a modificar la estructura institucional que, según señalan, ofrece un terreno fértil a estas prácticas. A continuación, sus motivos y demandas.

A lo largo de todo el territorio nacional, estudiantes mujeres se han organizado para paralizar o tomar diferentes facultades y universidades. Persiguiendo una educación no sexista y el fin de los acosos y abusos sexuales, han levantado consignas que aspiran a modificar la estructura institucional que, según señalan, ofrece un terreno fértil a estas prácticas.

Estas situaciones suponen un desafío para las universidades. Además del avance a distintas velocidades en el establecimiento de protocolos (que en todos los casos parecen insuficientes), se agregan las limitaciones de la legislación actual y el choque entre la urgencia de las demandas y la velocidad del cambio cultural.

En este contexto y en un acontecimiento histórico, diversas universidades y facultades a lo largo del país han sido tomadas o paradas por sus estudiantes mujeres. Las pocas garantías con que las mujeres pueden llegar a desenvolverse en el espacio universitario han empujado una movilización que, a estas alturas, se extiende a nivel nacional.

La Escuela de Gobierno y Administración Pública, el Instituto de Comunicación e Imagen, la Facultad de Derecho y de Ciencias Sociales en la Universidad de Chile, la Universidad Austral (UACh) sede Puerto Montt y sede Valdivia, la Facultad de Educación de la Universidad de Concepción, la Universidad Católica de Temuco y las carreras de Trabajo Social de la Universidad Católica de Valparaíso y de la Universidad Técnica Metropolitana conforman el listado de espacios en toma o en paro.

Pero, ¿qué situaciones detonan una movilización de estas características a nivel nacional?

La Facultad de Humanidades de la Universidad Austral de Valdivia lleva tres semanas en toma y, poco a poco, se han ido sumando otros departamentos. Hoy ya son 35 las carreras en paro. En el campus de Los Ríos hay lienzos colgados en prácticamente todos los edificios. “No queremos que se encubra a acosadores”, “Estamos cansadas de la violencia ejercida hacia la mujer”, declaran. En 2015, cuando no había reglamento de acompañamiento, se registraban cinco denuncias por acoso o abuso sexual. Desde 2016, una vez implementado el reglamento, las denuncias superan la centena anual.

Según indica Valentina Gatica, presidenta de la FEUACh Valdivia, los reglamentos no están dando el ancho para garantizar la seguridad de las mujeres de la comunidad universitaria: “Los casos han aumentado tanto, que lamentablemente no han dado abasto los acompañamientos y han sido muy irregulares los procesos. Muchas compañeras que denunciaron todavía están teniendo que ver a sus agresores.  Por otro lado, existe un encubrimiento académico en la universidad en casos contra funcionarios. La visión de rectoría es reeducar a los docentes, no llegar y echarlos”.

El principal caso de este año fue el que involucró al investigador y biólogo del Instituto de Bioquímica y Microbiología de la UACh, Alejandro Yáñez, a quien se le comprobó un caso de abuso sexual en contra de una funcionaria de la universidad. La primera sanción fue un traslado de unidad para Yáñez, pero luego de una intensa movilización se logró finalmente su desvinculación.

En la Universidad de Chile también se han plegado a la movilización. La Facultad de Derecho está tomada desde el viernes 27 de abril y a ella se han sumado esta semana la de Ciencias Sociales y la de Gobierno y Gestión Pública. Los lienzos en Pío Nono dan cuenta de la necesidad de una educación feminista como una urgencia política. “Derecho en toma feminista”, señala el cartel que recibe a quien se haga presente en el edificio de Derecho.

Emilia Schneider es la vocera de la movilización. Según señala, las instituciones no han sabido correr al mismo ritmo de las demandas sociales: “Nuestras instituciones, pese a las transformaciones que ha habido en los últimos años, no han logrado hacerse cargo en serio de la violencia de género, de abordarla y entenderla como un fenómeno estructural, que no solamente se soluciona con la mera sanción. Vemos cosas a corregir: la necesidad de la formación de los integrantes de nuestra comunidad, medidas de prevención, fortalecimiento de los mecanismos que hemos encontrado para investigar, resolver y sancionar las situaciones de violencia de género que hoy quedan a discrecionalidad de las autoridades, generándose conflictos de intereses. Falta capacitación de muchas autoridades para hacerse cargo de abordar estas situaciones”.

La Facultad de Ciencias Sociales no ha definido una vocería, pero a través de una declaración pública señalaron que “se mantienen a diario lógicas en que se nos excluye o minimiza nuestra participación en espacios académicos, el no respeto de la identidad de género, y nombre social, entre otros, lo que como mujeres hemos dejado en evidencia”.

Carmen Andrade, directora de la Oficina de Igualdad de Oportunidades de Género de la Universidad de Chile, explicó que aunque la institución fue pionera en el establecimiento de protocolos, éstos han demostrado ser insuficientes para enfrentar el problema. Al mismo tiempo explicó por qué en casos de acoso sexual se ha debido recurrir a la figura de falta a la probidad administrativa. “La figura del acoso sexual no existe en la relación profesores-alumnos, lo que está hoy en la ley es la tipificación del acoso en las relaciones laborales. Por lo tanto, cuando se investiga a un académico por acoso sexual y se llega a la conclusión de que sí hubo, solo se le puede sancionar en función de la figura de falta a la probidad administrativa”, señaló.

El viernes pasado la voz de la UACh Valdivia llegó a la sede de Puerto Montt. Así fue como el miércoles, organizaciones de mujeres paralelas a la federación levantaron una encuesta que evidenciaba que en la región de Los Lagos también existían casos de acoso y abuso. Ese mismo día se llevó a cabo un plenario que dirimió una toma adhiriendo a la causa. Josselyn Pizarro, presidenta de la federación, explica las razones de la movilización. “Se hizo esta toma para visualizar la situación que se vive acá en Puerto Montt y para dar el apoyo a las compañeras de Valdivia en su petitorio y revisar los asuntos internos de la universidad, para elaborar también un petitorio interno”. Este viernes la federación realizará una votación para definir su respaldo hacia la toma. De todas formas, no será vinculante, dado que la movilización fue motivada por organizaciones ajenas a la propia federación.

La Universidad Católica de Valparaíso también comienza a respirar aires de agitación. La carrera de Trabajo Social se encuentra en paro por diferentes motivos, uno de ellos, la dilatación de la entrada en vigencia de un protocolo en caso de abusos y acosos que está elaborado desde hace meses. Se construyó de forma triestamental el año pasado y en enero entró al Consejo Superior para su aprobación. Esa fue la instancia en la que se detuvo su proceso. Cristina Luna, de la Coordinadora de Género y Sexualidades de la PUCV, da cuenta de la lentitud en la aprobación del protocolo: “En ese momento comenzamos a informar que el protocolo estaba detenido. Después del paro de 2016, una de las exigencias para bajarlo fue la conformación de este protocolo triestamental. Por eso la mesa surge el año pasado. Estamos esperando que el Consejo Superior sesione el próximo 15 de mayo, pero no hemos visto ninguna celeridad para que el Consejo apruebe el protocolo, es más, el rector se comprometió a una mayor diligencia, pero luego de su reelección -el 5 de abril- no ha sucedido nada ni se ha pronunciado al respecto”.

Luna Follegati, académica de la Universidad de las Ciencias de la Educación (UMCE) y ex docente del magíster de estudios de género de la Universidad de Chile, explica los factores detonantes que derivan en una movilización en masa como la que existe hoy: “La violencia de género es una situación que históricamente ha existido dentro de espacios educativos. Lo que vemos hoy es el momento en que esa demanda hace explosión, con una manifestación pública en contexto de una problematización de los asuntos de género a nivel nacional. Por otro lado, la demanda por una educación feminista apela a una necesidad de entender la educación con un nuevo proyecto. La educación no sexista vendría a ser una respuesta que hoy las estudiantes posicionan en términos públicos para exigir otra forma de pensar y relacionarse al interior de los espacios educativos”.

Follegati, además, coincide con Schneider cuando afirma que las instituciones no han estado a la altura de un contexto que exige mayor responsabilidad, agilidad y modernización: “Existe una incapacidad y un letargo a nivel institucional para poder responder de forma satisfactoria a las demandas específicas de acoso sexual. La institucionalidad universitaria no ha podido dar cuenta de procesos eficientes, en el corto plazo y que den una respuesta en términos de seguridad de las denunciantes o víctimas en un proceso que sea justo y pertinente. muchas instituciones han tratado de resolver en el camino estas dificultades. No basta con protocolos, es necesario que existan otras medidas. Más que protocolos específicos, es necesario plantearse cómo estamos construyendo y reproduciendo las relaciones de genero al interior de la universidad. Ahí viene el estadillo. Es un ‘¿hasta cuándo?’”.

Hoy, existen diferentes universidades y facultades que a estas alturas se encuentran dirimiendo su adhesión a quienes ya se han autoconvocado. Por su lado, las autoridades de cada una de las comunidades educativas han intentado dialogar con las estudiantes. En los próximos días se verá si continúan las movilizaciones o se establecen espacios de discusión, de modo de avanzar en remover los cimientos del machismo que aún rige a muchas instituciones.